Voz en off es un libro de prosa poética que nace en un territorio liminal: allí donde las palabras se detienen y los silencios comienzan a hablar. Habita en los márgenes, en el límite entre lo dicho y lo callado, en el eco de lo que no termina de apagarse.
La voz de la autora transita entre la serenidad y el desgarro, entre la contemplación de lo cotidiano y la irrupción de lo inesperado que lo fractura. Lo invisible se hace audible, lo mínimo adquiere peso y lo aparentemente insignificante se transforma en revelación.
La pausa, la grieta, el murmullo: todo se convierte en materia poética. Aquí, la poesía no se esconde en metáforas herméticas, sino que se abre con claridad y ternura, alcanzando lo esencial: nombrar lo innombrable y compartir lo intransferible.
Voz en off despliega un viaje emocional en el que amor y pérdida, amistad y soledad, memoria y herida, duelo y reconciliación se entrelazan en un mapa afectivo reconocible por cualquier lector.
Cinco días. Eso duró mi último viaje a Barcelona.
La voz de la autora transita entre la serenidad y el desgarro, entre la contemplación de lo cotidiano y la irrupción de lo inesperado que lo fractura. Lo invisible se hace audible, lo mínimo adquiere peso y lo aparentemente insignificante se transforma en revelación.
La pausa, la grieta, el murmullo: todo se convierte en materia poética. Aquí, la poesía no se esconde en metáforas herméticas, sino que se abre con claridad y ternura, alcanzando lo esencial: nombrar lo innombrable y compartir lo intransferible.
Voz en off despliega un viaje emocional en el que amor y pérdida, amistad y soledad, memoria y herida, duelo y reconciliación se entrelazan en un mapa afectivo reconocible por cualquier lector.
("Voz en off", de Laura González Moliner)
Cinco días. Eso duró mi último viaje a Barcelona.
Ciento veinte horas para estar junto a Laura. Hora más, hora menos.
Y de todos modos, éstas no son unidades de medida válidas para con ella. Sería más justo decir que el viaje duró un abrazo de bienvenida largo y apretado. Incontables pasos veloces hacia el coche para llegar a casa porque queríamos contarnos sin perder tiempo. Las primeras de unas cuantas bravas en la Capsa. El té en el sillón con la excusa de querer digerir pero ambas sabemos que es para alargar el tiempo. La mañana y el "...yo nunca desayuno pero si estás vos..." entonces nos sentamos con el café y las tostadas. Las lágrimas... unas cuantas, ni muchas ni pocas, sino las necesarias. Las risas, infinitas, de las que te duelen la panza. Unas visitas al centro de Barcelona; alguna caminata por el río y obviamente una sentada en la playa para mirar el mar y dejarse llevar. Y otro abrazo, pero éste cortito, porque a ninguna de las dos nos gustan las despedidas y entonces hacemos de cuenta que es un simple "hasta luego... en un rato te veo...".
Me volví con la misma valija, la misma ropa, un poco de arena por si pudiese dejar marcado el camino de regreso... y él. El tercer hijo literario. El que ví gestarse, crecer, darse de bruces y volver a levantarse. Torcerse y enderezarse. El de "¿lo digo o no lo digo?" ...y el de "es tuyo, parilo como quieras, como te salga"...
Ahí estaba, finalmente en mis manos. Es tan distinto verlo que tenerlo. La emoción me explotó en el pecho. Leer esas palabras de ella para mí y quedarme en silencio porque a veces, cuando lo que se siente es tanto, ni (el) Alma encuentra el modo de expresarse. Y cayeron esas lágrimas de emoción, de admiración, de reconocerse la una en la otra, de amistad, de amor.
"Voz en off" no es como los otros libros, si bien proviene de la misma pluma y la misma sangre. Este libro es un viaje; un viaje hacia adentro de uno mismo. Se detiene frente a la herida, no la esquiva ni la ignora. Y le hunde el dedo. Urga en esa llaga, pero no por masoquismo, sino porque el instinto dice que la única forma de curar(se) es primero quitar(se) todo el veneno. Eso hace, y lo escupe, lo vomita. Y así vuelve a ponerse de pie, pudiéndose observar al espejo sin bajar la mirada. Es el diario de un luto, porque éste no es sólo por la pérdida física de alguien, también es eso que nos pasa cuando nos perdemos a nosotros mismos, por ir detrás de quien no desea ser alcanzado o de sostener lo insostenible.
Un libro para leer y volver a él cuantas veces haga falta. Para hacerlo propio. Porque lo que en sus páginas encontrarás es lo que te ha pasado o te pasa, pero que sólo ella logra poner en palabras. Si puedo hacerte una recomendación, si crees que puedo tener el criterio objetivo pese a la profunda amistad que nos une, pues te digo: dale una oportunidad. Déjate golpear y fluir. Déjate traspasar. Vívelo. No creo te arrepientas.

Y de todos modos, éstas no son unidades de medida válidas para con ella. Sería más justo decir que el viaje duró un abrazo de bienvenida largo y apretado. Incontables pasos veloces hacia el coche para llegar a casa porque queríamos contarnos sin perder tiempo. Las primeras de unas cuantas bravas en la Capsa. El té en el sillón con la excusa de querer digerir pero ambas sabemos que es para alargar el tiempo. La mañana y el "...yo nunca desayuno pero si estás vos..." entonces nos sentamos con el café y las tostadas. Las lágrimas... unas cuantas, ni muchas ni pocas, sino las necesarias. Las risas, infinitas, de las que te duelen la panza. Unas visitas al centro de Barcelona; alguna caminata por el río y obviamente una sentada en la playa para mirar el mar y dejarse llevar. Y otro abrazo, pero éste cortito, porque a ninguna de las dos nos gustan las despedidas y entonces hacemos de cuenta que es un simple "hasta luego... en un rato te veo...".
Me volví con la misma valija, la misma ropa, un poco de arena por si pudiese dejar marcado el camino de regreso... y él. El tercer hijo literario. El que ví gestarse, crecer, darse de bruces y volver a levantarse. Torcerse y enderezarse. El de "¿lo digo o no lo digo?" ...y el de "es tuyo, parilo como quieras, como te salga"...
Ahí estaba, finalmente en mis manos. Es tan distinto verlo que tenerlo. La emoción me explotó en el pecho. Leer esas palabras de ella para mí y quedarme en silencio porque a veces, cuando lo que se siente es tanto, ni (el) Alma encuentra el modo de expresarse. Y cayeron esas lágrimas de emoción, de admiración, de reconocerse la una en la otra, de amistad, de amor.
"Voz en off" no es como los otros libros, si bien proviene de la misma pluma y la misma sangre. Este libro es un viaje; un viaje hacia adentro de uno mismo. Se detiene frente a la herida, no la esquiva ni la ignora. Y le hunde el dedo. Urga en esa llaga, pero no por masoquismo, sino porque el instinto dice que la única forma de curar(se) es primero quitar(se) todo el veneno. Eso hace, y lo escupe, lo vomita. Y así vuelve a ponerse de pie, pudiéndose observar al espejo sin bajar la mirada. Es el diario de un luto, porque éste no es sólo por la pérdida física de alguien, también es eso que nos pasa cuando nos perdemos a nosotros mismos, por ir detrás de quien no desea ser alcanzado o de sostener lo insostenible.
Un libro para leer y volver a él cuantas veces haga falta. Para hacerlo propio. Porque lo que en sus páginas encontrarás es lo que te ha pasado o te pasa, pero que sólo ella logra poner en palabras. Si puedo hacerte una recomendación, si crees que puedo tener el criterio objetivo pese a la profunda amistad que nos une, pues te digo: dale una oportunidad. Déjate golpear y fluir. Déjate traspasar. Vívelo. No creo te arrepientas.

Con todo mi amor...❤





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