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Aún si puede parecer evidente, el gran secreto para permanecer vivos es morir solamente cuando se viene sepultados.
Hasta ese momento, tienes la obligación de soñar, de proyectar, de creer. Hasta ese momento tienes la obligación de intentar. Al menos eso: intentar. Y para intentar nunca es tarde. Si tienes ochenta años y aún deseas probar el mejor orgasmo de tu vida: ve, inténtalo. Lo más probable es que tú no lo logres. Pero sólo lo improbable merece el esfuerzo. Hasta la felicidad, si es previsible, es una tristeza.
Creer en lo improbable es, probablemente, la mejor decisión que se pueda tomar en la vida.
Y ver. Atrévete a ver. Tú ves cosas que ningún otro ve. Y de estas visiones que tú tienes y que yo tengo, nace la evolución del mundo. El mundo progresa sólo cuando estas visiones se transforman en realizaciones, en actos reales, en materia palpable.
Creer en aquello que se ve y atreverse a apostar en aquello que ves, es la única forma de altruismo que el mundo te pide de abrazar. Apuesta por aquello que es solamente tuyo. Sólo así estarás apostando por aquello que es nuestro.
El peor ciego no es quien no ve; y ni siquiera quien no quiere ver.
El peor ciego es quien se limita a ver. (...)"
("Prometo equivocarme" de Pedro Chagas Freitas)