lunes, 10 de junio de 2019

"Que la muerte te acompañe"

"(...)
Enamorarse es fuego. Un proceso que todo lo quema y todo lo consume, sobre todo a quien lo profesa. Como toda autocombustión, afortunadamente no dura para siempre. Nadie sobreviviría mucho tiempo a esa ceguera, a esa falta de cordura, a esa cerrazón. Pero tampoco sabríamos cicatrizar sin haberla sufrido nunca. ¿Quién no ha sido nunca pirómano por amor? ¿Quién no ha fingido poder controlarlo? ¿Quién no ha negado lo que era evidente?
En esta hoguera de las banalidades, la madera que más prende es la fantasía, las llamas se tiñen todas de rojo pasión, el humo que nos ciega resulta extremadamente tóxico, y hay que andarse con ojo, pues los celos son sus cenizas.
Estar enamorado, en cambio, es aire. Oxígeno. Inspiración. Llenar el corazón de sangre nueva. Sacarlo a tomar el fresco. Abrir sus ventanas y dejar que corra el aire, que entre la luz. Todo huele a nuevo, a necesario, y a conveniente. En esta apartada orilla se respira mucho mejor, dónde va a parar.
Como toda brisa, al principio es totalmente inofensiva, pero si se nos va de las manos y dejamos que venga racheada, puede estar anunciando tormente o incluso acabar en huracán. Por eso es importante que se levante con cierta frecuencia a un ritmo constante, lindo y suavesito. Que empuje, sí, pero que no despeine.
Querer es tierra, posesión y pertenencia. Delimitación, frontera y exclusión. O quieres conmigo o quieres contra mí. Hectáreas de deseos mezquinos y egoístas. Por eso es peligroso querer mucho y sin control, porque aquello que quieres, tarde o temprano, te acabará poseyendo.
Las vallas son muy frequentes cuando se quiere así. Rígidas normas y controles de seguridad, vigilancia veinticuatro horas en forma de leyes morales y miedo, mucho miedo a perder lo que uno tiene. Lo que a este amor le falta es justo lo que lo acabará estrangulando: su libertad.
Por eso, amar es agua. La combinación estable y perfecta entre la energía del hidrógeno y la vida del oxígeno. Unidos pero flexibles. Cohesionados, pero adaptables. En otra palabra, contradictorios. Fluir sin voluntad de correr, liberar con intención de atrapar, vivir el futuro como si acabase ayer.
Peligros, todos los que te puedes imaginar: la tensión superficial, que mantiene una impermeabilidad ficticia; las corrientes, que nos pueden arrastrar sin darnos cuenta adonde no queremos estar; y la temperatura de ebullición, porque aunque no lo parezca, si te descuidas, también esto puede hervir...y evaporarse.
(...)"
(Fragmento de "Que la muerte te acompañe" de Risto Mejide)

Recuerdo cuando dí con este libro, había leído este preciso fragmento y me había encantado, por lo que me fui derechito a buscar al autor. Cuando entonces encontré el libro y leí la sinopsis:
"Chico no conoce a chica. Así empiezan realmente casi todas las historias de amor. Y así suelen permanecer, con suerte, durante mucho tiempo. De hecho, la mayoría de las relaciones se acaban precisamente cuando chico conoce a chica, o viceversa. Ésta es la historia de Toscano y Paula, dos almas gemelas que no se conocen de nada, pero que se intuyen demasiado. Se intuyen tanto que están dispuestos a cualquier viaje para encontrarse. Ella, a través de los placeres y servidumbres de una primera cita. Él, a través de un cielo de lo más publicitario y comercial. Y entre ellos, la única barrera que dicen que es insalvable, la muerte, y el único fin que justifica todos los medios, el amor."
Es que, ¿se podía hacer a menos de leerlo? ...no, no creo, yo no pude. Pero... siempre hay un 'pero', el libro no terminó de convencerme. Es decir, hay fragmentos muy buenos, y el estilo de este escritor es original seguramente; pero los personajes no terminan de ser muy creíbles y el final... bueno, que no voy a contarles, pero el final se las trae.

De todos modos, y como pasa con todas las cosas, es sólo una cuestión de gustos; y repito, siempre hay cosas, fragmentos que rescatar y puntos sobresalientes para reflexionar... como por ejemplo, tú ¿hasta dónde irías por amor?