lunes, 9 de marzo de 2020

"El Profeta"

"(...) Y la Sacerdotisa habló de nuevo: Háblanos de la razón y la pasión.
Y él respondió diciendo:

Vuestra alma es, a veces, un campo de batalla sobre el que vuestra razón y vuestro juicio combaten contra vuestra pasión y vuestro apetito.
Desearía poder ser el pacificador de vuestra alma y cambiar la discordia y la rivalidad de vuestros elementos en unidad y melodía. Pero, ¿cómo lo haré a menos que vosotros mismos seáis también los pacificadores no, los amigos, de todos vuestros elementos?
Vuestra razón y vuestra pasión son el timón y las velas de vuestra alma viajera.
Si vuestras velas o vuestro timón se rompieran, no podrías más que agitaros e ir a la deriva o permanecer inmóviles en medio del mar. Porque la razón, gobernando sola, es una fuerza limitadora y la pasión, desgobernada, es una llama que se quema hasta su propia destrucción.
Por lo tanto, haced que vuestra alma exalte a vuestra razón a la altura de la pasión, para que cante.
Y dirigid vuestra pasión con el razonamiento, para que ella pueda vivir a través de su diaria resurrección y, como el ave fénix, se eleve de sus propias cenizas.
Desearía que consideraseis vuestro propio juicio y vuestro propio apetito como dos queridos huéspedes.
No honraríais, con seguridad, a uno más que al otro; porque quien es más atento con uno de ellos pierde el amor y la fe de ambos.
Entre las colinas, cuando os senteis a la sombra fresca de los álamos, compartiendo la paz y la serenidad de los campos y praderas distantes, dejad que vuestro corazón diga en silencio: 'Dios descansa en la razón'.
Y, cuando llegue la tormenta y el viento poderoso sacuda el bosque y los truenos y relámpagos reclamen la majestad del cielo, dejad a vuestro corazón decir sobrecogido: 'Dios se mueve en la pasión'.
Y, ya que sois un soplo en la esfera de Dios y una hoja en el bosque de Dios, deberíais descansar en la razón y moveros en la pasión."
(Fragmento de "El Profeta" de Khalil Gibran)

No sé si a ustedes les pasa, pero yo tengo libros a los que cada tanto recurro. No sé si a buscar respuestas, porque esas creo que cada uno las lleva dentro, pero sí para reflexionar o para que otro ponga en palabras el "rumor" que llevo dentro en ese momento. Y uno de los libros a los que a veces vuelvo a dar una ojeada es éste... "El Profeta".

La primera vez que tomé este libro en mis manos, era una niña y, como siempre, demasiado curiosa y de mente inquieta. Mi madre lo tenía en uno de los estantes inferiores de la biblioteca, creo que pensaba que no podría interesarme. Si ella hubiese sabido que antes de entrar a la adolescencia ya me había leído todos los libros que allí tenía, incluso los "prohíbidos", creo que se hubiera desecho de unos cuantos. Obviamente, la primera vez que lo leí, no entendí demasiado; pero no sé qué tuvo siempre, que me gustaba tanto abrirlo y leerlo, una y otra vez. Aquello que decía del amor, de los hijos, de los amigos. Quien me conoce sabe que yo estoy muy lejos de ser una persona religiosa. No voy detrás de dogmas, no creo en ellos, no los practico ni nada, sin embargo, me gusta todo lo que se relacione con lo humano, con lo filosófico, todo aquello que invite a la reflexión. Y este libro, más allá de su título, del lenguaje que usa y cómo está escrito, es para ello. Khalil Gibrán fue, antes que nada, un poeta de origen libanés radicado en los Estados Unidos; y, si alguno puede pensar que sus letras puedan ser "demasiado islámicas", pues nada más equivocado. Si bien él habla de Dios y lo hace através de este 'Profeta', repito, no son textos religiosos, sino más bien, letras humanísticas.

Un libro que sin dudas les resultará fácil de leer, pero que no deseo lo consideren de lectura rápida, porque éste es una mano tendida a pensar, a meditar y reflexionar profundamente.