lunes, 27 de abril de 2020

Patagonia...

Tiempo atrás alguien me dijo que tirara mis "listas" (libros pendientes; películas por ver; cosas por hacer)... y reconozco que en ese momento me dije: ¿pero cómo... por qué? ...comprendí, tal vez, lo que siempre digo para muchas otras cosas -y en lo que creo profundamente-, el tiempo es ahora. Por ello, no esperé y comencé a leer los libros de Luis Sepúlveda. Pensé que tardaría en reseñarlos pues daría prioridad al último leído para el reto "Meses Temáticos"; pero sinceramente no me gustó nada, y antes de hacer una 'reseña negativa' prefiero no hacerla. Y ¿acaso la Patagonia es una tierra tan conocida que no puede considerarse "exótica"?  Entonces aquí están...

Sinopsis: Un adolescente, enardecido por la lectura de Moby Dick, aprovecha las vacaciones de verano para embarcarse, en los confines australes de América, allí donde se termina el mundo, en un ballenero que por primera vez le llevará por esos mares donde todavía navegan legendarios héroes de verdad y de mentira. Muchos años después, el joven chileno, ya convertido en adulto y residente al otro lado del planeta, periodista y miembro activo del movimiento Greenpeace, vuelve inesperadamente a los lejanos parajes de su escapada juvenil por una razón muy distinta, pero tal vez igualmente romántica : barcos piratas están depredando la fauna marítima que habita las gélidas e impolutas aguas del mundo del fin del mundo. Hay que seguir las huellas sanguinarias del feroz capitán Tanifuji, encontrar pruebas, denunciarlo, impedir la barbarie y salvar a Sarita, atrapada en una enmarañada red de oscuros intereses internacionales. La solitaria obsesión del capitán Ahab por una ballena enorme ha dado lugar al exterminio sistemático e indiscriminado de una banda de modernos corsarios.
("Mundo del fin del mundo", Luis Sepúlveda)

Creo que ya todos conocen mi pequeña manía de leer la obra de un autor en orden al año de publicación, por lo que, luego de haber leído hace muchísimo tiempo "Un viejo que leía novelas de amor", continué obviamente por "Mundo del fin del mundo". Me encontré con una historia de una transformación, de una toma de consciencia, de un crecimiento que no sólo tiene que ver con la edad y el pasar de los años. Un adolescente que transcurre un verano yendo detrás de un sueño, a bordo de un barco ballenero sigue las ormas de uno de sus libros preferidos, 'Moby Dick'. Pero será este mismo joven que una vez convertido en hombre, haga un viaje de regreso a esos mares para investigar la matanza despiadada de este animal y combatirla.

Un libro muy fácil de leer, creo que Sepúlveda tenía ese don (ya lo decían todos), era un excelente narrador de historias. Aquí cuenta primero los años de adolescente, vivencias que hoy por hoy, tal vez, sean difíciles de realizar. Y, que a pesar de cumplir la aventura tanto imaginada, ésta se haya convertido en su lucha desde la madurez. En este aspecto el mundo, lamentablemente, no cambió. Porque hoy tal vez un adolescente no recorra solo tierras deshabitadas y se meta a trabajar con el primer desconocido, pero la caza indiscriminada de ballenas -y de tantas otras especies- sigue a la orden del día.

Un libro que en algo más de dos horas te hará pensar.

(Sinopsis extraída del sitio: PlanetadeLibros)
Sinopsis: En los años sombríos del nazismo, desaparecen de un rincón secreto de la prisión de Spandau unas valiosísimas monedas de oro. Casi cincuenta años después, caído el Muro de Berlín, dos personajes oscuros pero poderosos, con un pasado político turbio, contratan cada uno por su lado a dos «antiguos combatientes» Juan Belmonte -el que tiene nombre de torero- y Frank Galinsky. En «paro» laboral e ideológico, ambos deben partir en busca de un botín robado que nadie se atreve en realidad a reclamar oficialmente. Belmonte acepta el encargo por amor a Verónica ; Galinsky, por un viejo hábito de obediencia militante cuyo ideal es ahora el de enriquecerse «como todos los demás». Al mismo tiempo, al otro lado del mundo, un viejo humilde y solitario recibe un misterioso mensaje.
("Nombre de torero", Luis Sepúlveda)

No creo sea novedad que me encantan las novelas negras, los thriller como los llaman los americanos; y este libro lo es en toda regla. Como lo empecé me super enganché con Juan Belmonte, ¿cómo no hacerlo? Desde el principio se lo percibe como un hombre al que la vida ha pegado duro, así y todo sigue adelante. El lenguaje usado por Sepúlveda es sencillo pero a la vez, muy poético. Cuando describe las vivencias de Belmonte; cómo, a pesar de los años, se siente en esa ciudad -Hamburgo- que no es ni nunca será suya; que no hay día que no piense a esa mujer, Verónica, dueña de su alma; cómo será volver a su tierra...
"(...) Perdí. Siempre perdí. No me irrita ni me preocupa.
Perder es una cuestión de método. (...)"
Más lo leo, más me gusta... y este libro no te lo puedes perder. Una historia que, aún pudiendo caer en golpes bajos (la Segunda Guerra Mundial, la dictadura chilena y sus torturas, las guerrillas...) no lo hace en ningún momento. Un personaje que atrapa -y que sé me volveré a encontrar por suerte- y una trama interesante de ir descubriendo página a página.

(Sinopsis extraída del sitio quelibroleo)
Sinopsis: Pues bien, esta vez Sepúlveda nos invita a acompañarle, codo con codo, en algunos de sus periplos por las solitarias tierras de Patagonia y Tierra del Fuego. Así, conocemos a Ladislao Eznaola, vagabundo del mar en busca de un nave fantasma, a su hermano Agustín, el bardo de Patagonia, a Jorge Díaz y La voz de Patagonia de Radio Ventisquero, la ternura de Panchito y su delfín, a aviadores enloquecidos que lo transportan todo, desde vino hasta muertos, por encima de la desolada inmensidad del paisaje... El libro se abre y se cierra con dos encuentros extraordinarios del autor con Bruce Chatwin y con Francisco Coloane, escritor chileno que alimentó la imaginación inquieta del niño Sepúlveda.
Apuntes de viajes, sí, pero también un aprendizaje de cómo viajar, de cómo conocer el mundo, de cómo mirarlo y quererlo. Luis Sepúlveda prolonga en cierto modo la tradición aprendida por él en los libros de su maestro Coloane y procura contagiarnos la inmensa felicidad de la verdera aventura. No en vano termina Patagonia Express con las siguientes palabras:
«Nunca más estaría solo. Coloane me había traspasado sus fantasmas, sus personajes, los indios y emigrantes de todas las latitudes que habitan La Patagonia y la Tierra del Fuego, sus marinos y sus vagabundos del mar. Todos ellos van conmigo y me permiten decir en voz alta que vivir es un magnífico ejercicio».
("Patagonia Express", Luis Sepúlveda)

Empiezo por decir que este libro me tocó el alma... trataré de explicar porqué.

No conozco la Patagonia. Antes de venir a vivir en Italia, he tenido la oportunidad de 'probar suerte' en un pueblo de allí, pero por razones que no vienen al caso, no fue o, como digo yo, no tenía que ser. Y en enero del 2019, cuando había planeado finalmente ir unos días a conocer una partecita (es un territorio demasiado grande para conocerlo todo de una sola vez), la vida volvió a torcerse. También puedo suponer que conozcan de la constante 'rivalidad', por así decirle, que existe entre argentinos y chilenos, más en esas tierras. Ésta es legendaria, y las razones, ninguna demasiado válida según mi opinión, son de lo más variadas. Y, leyendo a Sepúlveda, sobre todo en este "Patagonia Express", no puedes dejar de sentir un enorme deseo de recorrer estas tierras, de una y otra parte.

Hace unos días hablaba de una película, "Il Postino", donde el personaje del cartero en un momento le dice al propio Neruda: "...la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita.". Pues cuando leía los relatos que contiene este libro, la descripción de los paisajes, de la gente, no pude dejar de pensar en algo parecido y en lo que siempre creí (aún si no seré muy querida por los míos): la tierra es de quien la habita; de quien la trabaja; de quien la siente; en definitiva, de quien la vive. Y no hay ninguna duda que Luis Sepúlveda ha sentido y vivido la Patagonia.

Cada pequeño relato forma la historia de un viaje; un viaje real y un viaje de vida. Este último es un viaje que todos, en cierta medida, hemos hecho. Por ello creo que es un libro que llega, que emociona, que no puedes dejar de leer y leer... y que creo que, pasado un tiempo, podrías releer con muchísimo gusto.

(Sinopsis extraída del sitio: PlanetadeLibros)





 

(Esta reseña participa al "Reto Genérico",
a los "Meses Temáticos" y al reto "12 meses, 12 libros")