viernes, 17 de abril de 2020

#VDLN - 192

"Soy esa mujer
que llora de risa y ríe al llorar,
pasea sobre tejados sin casas,
grita a los tres vientos y al cuarto, pide perdón,
se derrumba ante un castillo de naipes,
es mujer de los pies a la cintura y sirena hasta la cabeza,
comete pecados en cualquier capital,
libera al pájaro en mano para fantasear con los cientos,
bebe la copa medio vacía y derrama la llena,
se adelanta a los principios y se duerme en los finales,
comprueba si hay agua después de saltar,
plantea diez preguntas y responde once,
se fractura la ilusión y se escayola el alma.
Sí, soy esa mujer que canta a la vida y olvida afinar,
usa el viento como peine y la sonrisa de maquillaje,
viaja con lo puesto y regresa completamente desnuda,
quien firma con tinta exhausta fragmentos de su vida."
("Enigma", de Elena Martín)













(Te invito a sumarte a este Carnaval y para hacerlo
lo único que debes hacer es ir al blog organizador: aquí.)

Luis Sepúlveda

"(...)
-Sólo estaba pensando en la lectura...
-¿De verdad sabes leer?
-Un poco...
-Nunca le he visto la utilidad... ¿qué estás leyendo?
-Una novela...
-¿De qué trata?
-Trata de... amor.
-¿Y por qué lo haces?
-Porque los pensamientos son hermosos... porque las palabras son hermosas... y las frases... y, a veces, me hace olvidar la barbarie del hombre.
(...)"
("Un viejo que leía novelas de amor", Rolf de Heer)


Mientras escribo estas pocas líneas, ya madrugada del viernes, no dejo de pensar a tantas y tantas cosas. Una cosa me trae otra y ésta a su vez otra... y así veo pasar los minutos en el reloj sin que las mismas se transformen en palabras que mis dedos puedan digitar sobre este teclado.

Esta mañana mi hija me dió la noticia de la muerte de Luis Sepúlveda... otra vez el frío y una lágrima.

Viajo en el tiempo, a los años del secundario y oigo a mi profesora de literatura. Una mujer de alma rebelde pese a la edad, como pensaba entonces... hoy me pregunto si hay una edad para dejar de serlo. Aún puedo verla delante de mí con ese libro de un autor que había escuchado alguna vez pero nunca antes leído.

Me duró esa noche. Unas horas y lo había terminado. Ese final... exactamente ese efecto tenían (y tienen) las letras en mí. Puedo viajar... soñar... y olvidarme del mundo entero -y de lo que de él me duele-, si tengo un libro entre las manos.

Por alguna razón que no podría explicar, nunca más volví a leer al autor, a pesar de haberme gustado tanto y tener más de un título en mis manos. Algo que pienso remediar cuanto antes.





[Una noche más de insomnio... una noche donde he vuelto a leer este libro y ver su película... una noche para olvidar y disfrutar del ahora... del momento.
Si querés leer algo bonito sobre el escritor chileno, te recomiendo ir aquí... nos vemos.]