lunes, 25 de noviembre de 2019

"Romeo y Julieta"

"(...)
Romeo: Si profano con mi indigna mano este sagrado santuario, pecado de amor será. Mis labios, peregrinos ruborizados, quisieran hacer penitencia con un dulce beso.

Julieta: No riñas tanto a tu mano, que demuestra un gran fervor a esto. Pues hasta las manos de los santos tocan a las de los peregrinos. Y el tocar palma con palma es el beso del palmero.

Romeo: ¿No tienen labios los santos, ni los piadosos palmeros?

Julieta: Sí, peregrino. Labios para usar en la oración.

Romeo: Entonces, querida santa, deja que mis labios hagan como las manos. No conviertas fe en desesperación.

{La besa}

Y así quedan mis labios limpios de pecado por los tuyos.

Julieta: ¿Entonces mis labios tienen ahora el pecado?

Romeo: ¿Pecado de mis labios? Me reprochas con dulzura. Devuélveme mi pecado.
(...)"
("Romeo y Julieta" de William Shakespeare)


Recuerdo la primera vez que visité la hermosa ciudad de Verona; y cuánto había deseado estar allí cuando, en mi adolescencia, soñaba leyendo esta trágica historia de amor. Seleccionar un sólo fragmento es tan difícil, porque es una historia tan llena de detalles, de momentos inolvidables...

Por un lado está Romeo Montesco; un joven que hoy por hoy se diría descarado, en rebeldía con cada regla, hasta con la propia familia. Él, justo por este carácter suyo, decide junto a sus amigos, mezclarse en una fiesta organizada por la familia Capuleto y a la que obviamente no fue invitado. ¿Por qué? Simple, estas dos familias son enemigas y el sólo ser miembro de una hace odiar a la otra. Pero con aquello que no contaba Romeo había sido con enamorarse, y nada más ni nada menos que de una Capuleto... de Julieta Capuleto.

A este punto muchos pueden pensar que es una trama muy vista y muy "usada", muy llena de tópicos tal vez, pero es mi opinión que ésta es la historia de amor por excelencia, la madre de todas las historias de amor que han venido luego. Creo que Shakespeare con sus letras nos llega hasta lo más profundo y que sin dudas nos producirá un sinfín de emociones.

Si nunca has leído el libro, hazlo. Si ya lo has hecho, puedes repetir la experiencia. Sino ver alguna de las tantas versiones cinematográficas; ni hablar si puedes ver el ballet o la ópera... pero como sea, si aún no lo has hecho, viaja con la mente, con el corazón, vuela a Verona, sueña y vive esta historia sin tiempo.