Hace exactamente una semana, en medio a una pausa, leí la noticia de la muerte del Indio Solari. No voy a poner el nombre por entero, porque a decir verdad, no tenía ni idea de cómo se llamaba, para mí siempre fue "el Indio", como si fuera alguien que se conocía, uno del barrio. Y puntualmente llegaron las polémicas.
Podría decir que ésta es una característica de la idiosincrasia argentina pero después de 22 años viviendo en Italia, les aseguro que mi nonno tenía razón cuando decía "lo que se hereda no se roba". Quiero decir que esto no lo "inventamos", no tenemos mayor mérito que seguir repitiendo los esquemas de nuestras raíces... le guste a quien le guste. Así que prefiero apartarme de esto, estamos ya grandecitos y gastar energía en cuestiones inútiles no es lo mío.
A mí me interesa poco, por no decir nada de nada, si el Indio se "ponía la bandera de los pobres" y murió millonario; si hablaba de patria y tenía residencia en New York; si era comunista, socialista, peronista o Hare Krishna... ¿Por qué? Pues simplemente porque esos aspectos los podría tener en cuenta si me hubiese sentado a conversar con él, escuchando sus motivos, sus experiencias (que seguramente hubiesen sido más que interesantes)... o sea, conocer su trayecto de vida y lo que lo llevó a todo eso. Pero yo sólo conocía su música y la mayor parte me gustaba, punto.
Lo innegable es lo que significó para la música nacional argentina... y lo que seguirá significando, porque desde el pasado viernes el Indio se convirtió en leyenda. Será recordado por todas las generaciones que crecieron con sus canciones y lo amarán todas las que han venido y vengan después porque ya estaremos nosotros para enseñarles quién era y qué hizo el Indio...
...ahora de pie por favor, que despedimos a un grande.